lunes, 1 de julio de 2013

La conexión mexicana de León Degrelle!!!

La conexión mexicana de León Degrelle

Eduardo Clavé
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Los nexos entre los sinarquistas con el fascismo son bien conocidos. Eduardo Clavé nos redescubre la figura siniestra de León Degrelle, fanático furibundo belga que viajó a México al encuentro con el padre Pro para luchar al lado de los católicos en la guerra cristera, y que en sus días se convirtió en un alto oficial de las SS y más tarde promovió el neonazismo en Europa.
León Degrelle
León Degrelle
Es de noche en el puerto de Veracruz. Es el sábado 14 de diciembre de 1929. De un barco procedente de Hamburgo, con escala previa de veinticuatro horas en La Habana, desembarca un joven belga de veintitrés años. Trae papeles falsos a nombre de Paul Nanson de profesión abogado. Para su desilusión nadie lo espera en el muelle, a pesar de que había enviado un cable desde alta mar a un corresponsal en México. El cable era lacónico: “el amigo belga… va a llegar”.
Hay varios cientos de pasajeros junto a él porque esa misma noche han atracado otros tres barcos. Después de seguir una larga fila, un empleado de migración sella sin mayor interés el pasaporte de ese joven de ademanes decididos y andar erguido. Un buen observador hubiera podido adivinar que el recién desembarcado, que habla un español primitivo con marcado acento francés, piensa y actúa con firmeza. Lo más seguro es que haya demostrado sus documentos al burócrata que se los solicita con la mirada altiva, porque ese joven sabe que aquel empleado no es más que un pequeño representante de un gobierno que en los últimos tres años ha combatido y matado a miles de católicos.
Esa noche se registra en un hotel y para hacerlo utiliza el nombre de Danton. Sí, el nombre del revolucionario francés partidario de anexar Bélgica a la nueva República Francesa. ¿Lo sabe entonces ese joven Danton belga en Veracruz? Lo que sí sabe ese falso abogado Nanson, o Danton, o cualquiera que sea su alias, es que ha utilizado el nombre del revolucionario francés porque conoce su famosa frase en la Asamblea francesa: de l’audace, encore de l’audace, toujours de l’audace.
Audacia sería el espíritu que guiaría durante su vida a ese joven que por el momento se disponía a ser soldado de Cristo en México, después sería soldado de Bélgica y, finalmente hasta su muerte el 31 de marzo de 1994, orgulloso soldado delFührer, miembro distinguido de la Shutzstaffel,las SS, con el grado de Obersturmbannführer, teniente coronel.
En todo caso esa noche veracruzana lo recibió bien porque después de dejar sus cosas en el modesto hotel que había escogido, salió a respirar y a reconocer el terreno donde pensaba entablar su primera cruzada... y entonces se produjo lo que él mismo calificó como un milagro: un joven mexicano se acercó a él y con toda la discreción, “en voz baja e íntima”, le susurró al oído: ¿Eres tú León Degrelle?
En efecto, era Degrelle. Al fin lo habían encontrado. Era León Joseph Marie Ignace Degrelle, nacido en Bouillon, Bélgica, el 15 de julio de 1906. Había ido a México para solidarizarse con la causa cristera. Para animar a los soldados de Cristo y combatir a su lado si era necesario. Tenía convicciones católicas bien arraigadas, adquiridas en el seno de su familia y desarrolladas en la escuela de los jesuitas donde realizó sus primeros estudios. Ingresó después a la Universidad Católica de Lovaina para estudiar derecho pero no terminó. Quienes lo admiran dicen que consideraba a los jesuitas “los mejores educadores del mundo”. Era la orden que ya estaba ofreciendo mártires a la causa cristera. La orden del padre Miguel Agustín Pro, que regresó a México desde Bélgica para unirse a la causa cristera en 1926, igual que más tarde lo haría Degrelle.
Manifestación del Partido Rexista
Manifestación del Partido Rexista
¿Habrá sabido León Degrelle los pormenores de la guerra cristera gracias a ese jesuita michoacano que estudió en el seminario de Enghien, Bélgica, donde se ordenó de cura en agosto de 1925? Es lo más probable. Lovaina, donde estudiaba Degrelle, era una pequeña ciudad de traza medieval cuya vida giraba alrededor de la tradicional universidad católica fundada en el siglo xv, y las noticias de la persecución, primero, y de la guerra cristera, después, se difundieron ampliamente entre la comunidad estudiantil y religiosa. Ya desde 1926 la Acción Católica de la Juventud Belga (ACJB), cuya sede estaba en Lovaina, había recibido una petición de ayuda de su homóloga mexicana la Acción Católica de la Juventud Mexicana (ACJM) pidiendo que se difundiera la lucha de los católicos en México contra la persecución. Durante los siguientes tres años numerosas organizaciones religiosas, a partir de la irradiación de Lovaina, denunciaron la persecución y apoyaron la resistencia cristera tanto pacífica como armada.1 Miguel Agustín Pro puede haber sido requerido por otros curasde la universidad (manejada por jesuitas) para explicar y ampliar la información que llegaba de México. Información, por ejemplo, como la contenida en la publicación La tragédie mexicaine. Jusqu’au sang (La tragedia mexicana. Hasta la sangre), editada en 1928 por “Las ediciones de la juventud católica”, precisamente en Lovaina, en la que se narraban los martirios infligidos a los católicos por Calles, “el judío de la Revolución”, como lo llamaba un manifiesto escobarista en México. Cómo no iban a estar informados los jesuitas de Bélgica si esa orden estaba siempre detrás del movimiento cristero. Con discreción jesuítica, por supuesto.2
Quien interpela al belga en la noche tropical veracruzana es un miembro de la ACJM, fundada también por un jesuita, Bernard Bergoënd, en 1912. El joven militante católico, a manera de contraseña, le muestra a Degrelle la insignia de la organización, ensartada en la parte posterior de la solapa. Lleva además la foto de Degrelle publicada en una revista católica belga, que le ayuda a reconocerlo.
El contacto está hecho. Dios los bendiga.
Parten al día siguiente a la Ciudad de México. La llegada a la estación capitalina es emotiva:
Un grupo de Cristeros, confundidos entre la multitud, esperaban su llegada, tras los saludos y el abrazo apretado y fuerte, emocionado, en un auto se desplazaron hasta el lugar que sería su refugio la primera semana de estancia.3
Cómo no va a ser un “abrazo apretado y fuerte, emocionado”, si se da entre los camaradas católicos (parece, de acuerdo con el relato, que siempre son hombres), encendidos de fe, dispuestos a dar la vida por ella, entre soldados de Cristo, uno de ellos futuro SS.
En esa semana León se siente como en la época de los primeros cristianos, porque los refugios donde se puede celebrar la misa, la comunión y la confesión le parecen las antiguas catacumbas romanas. Le llama la atención un detalle que parece aportar un toque futurista: el cura al que acompaña un día lleva el agua bendita ¡en el cargador de una pluma fuente! Sincretismo maravilloso: la magia del agua bendita con la tecnología de la estilográfica de los años veinte. ¡Cristo Rey de clandestino en una Esterbrook!
Naturalmente a Degrelle le fascina todo lo que hasta entonces lleva de viaje. Su entrada con papeles falsos y con otra identidad. La posibilidad de cambiar en minutos de personaje y, en el hotelito jarocho, registrarse como Danton. El encuentro callejero con su anfitrión que lo aborda en voz baja y se identifica con un movimiento discreto de solapa. Las visitas a lugares donde se celebran ceremonias religiosas clandestinas, con el peligro de ser capturado y fusilado. Degrelle ya es definitivamente un héroe no sólo a los ojos de sus compañeros en Bélgica a quienes manda artículos y reseñas sobre esta guerra santa, sino ante los jóvenes católicos mexicanos y, sobre todo, frente a sí mismo.
Y como todo héroe, Dios lo acompaña y protege, no faltaba más, si es un auténtico caballero cristiano. En efecto, justo al salir de un poblado serrano en Jalisco, donde había pasado las navidades, una emboscada de los federales logra matar a seis cristeros con los que había estado apenas quince minutos antes. Entonces piensa si no hubiera sido mejor morir como esos doce mil que ya habían dado sus vidas por esa epopeya cristiana en México. La tentación es grande: cómo negarse a morir como esos mártires que abrían los brazos en cruz para recibir las balas en el pecho gritando ¡Viva Cristo Rey! Pero si Dios lo protege, con seguridad es porque espera algo más de este cruzado.

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