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UN SIGLO EN UNA
VIDA
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Joven falangista.
Jerarca franquista. Enamorado de Italia. Combatiente en Rusia. Totalitario.
Crítico con el régimen. Represaliado. Periodista.
Opositor. Encarcelado. Demócrata. ¡Hombre!
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TODA UNA PERIPECIA
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Dionisio
Ridruejo. Casi unas memorias. Edición de Jordi Amat. Península,
Barcelona, 2012. 624 pp. 24,90 €.
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Península reedita,
justo cuando Dionisio Ridruejo habría
cumplido 100 años, un libro excepcional en su género para entender la
política española desde antes de la Guerra Civil hasta el final del
franquismo. Dionisio Ridruejo fue
un joven inquieto de la burguesía provinciana castellana, su inquietud
estética e intelectual le hizo estudiante y poeta, su desazón social lo
acercó, en la agonía de la Segunda República, a lo parecía ser el Fascismo
español, la Falange de un José
Antonio en los márgenes de cuya corte literaria entró. La Guerra
Civil hizo de él, además, un hombre público, y el franquismo despertó en él
las mayores ilusiones y la mayor decepción. Voluntario en la División Azul, su decepción con el
franquismo lo llevó paulatinamente al ostracismo y luego al antifranquismo.
Pero lo singular de Ridruejo,
que sus memorias recogen, es que nunca se negó a sí mismo, que contó cada
paso de su pasado sin pretender hacerlo desde el presente, y que conservó sus
gustos estéticos, sus inquietudes de todo tipo y sus variadas amistades. Aún
en el mismo 2012, en noviembre y en el Ateneo de Sevilla, Aquilino Duque, amigo personal del
poeta, pudo rendirle homenaje.
Dionisio Ridruejo fue
falangista cuando nadie lo era, antes de la conversión de las masas juveniles
derechista….
tras la victoria del Frente Popular. Y lo fue
tanto por adhesión humana y personal a José Antonio como por convicción de que aquello, que él
veía sin dudas comofascismo,
era la solución para una España azorada. Es siempre interesante leer contado
por uno que lo vivió qué extraña
combinación de iniciativas literarias y de medias lecturas y percepciones
interiores y exteriores fue aquella. Dionisio, el Dionisio maduro
cuyos textos se reunieron para crear estas "casi" memorias, tiene
el atractivo de una prosa cuidada, de un a reflexión serena y ya distante, y
de una sincera aceptación de qué fue aquello, con todas las que después se
vieron como lacras y defectos pero que en su tiempo se sintieron como virtudes y atractivos.
Otros, y no pocos, han contado su historia mintiendo sobre ella o,
directamente, olvidando las partes inconvenientes, y muy a menudo
atribuyéndose intuiciones y anticipaciones poco creíbles. En la España de 1936 había muy pocos
demócratas, y seguramente casi ninguno en la de 1939. Casi por
casualidad, Ridruejo cuenta
cómo pasó de la simple militancia azul a las altas jerarquías del Estado y
del Partido (cuando España tuvo de nuevo un Estado y un Partido, o un embrión
de ambos mejor dicho, entre Salamanca y Burgos). Los retratos humanos de los
militares, los políticos, los diplomáticos, los artistas y los personajes de
paso son únicos en su género y permiten conocer mejor aquella España. Sólo
por ellos habría valido la pena esta reedición.
El porqué de la guerra, y el cómo de la paz, siempre nos serán desconocidos
en sus detalles. Pero desde luego que en las palabras del Dionisio Ridruejo de 1938 hay
más verdades y más sinceridad que en las memorias póstumas de Santiago Carrillo que acaban de
editarse en 2012. "Cuando el Estado se encuentra en la sima, cuando
las instituciones están podridas, abandonadas o deshechas, cuando la
situación nacional es deplorable, cuando un pueblo, como pasaba en España, ha
renunciado a su destino cobardemente; cuando un pueblo, como sucedía con el
nuestro, se ha dejado arrebatar todas sus instituciones sin un tiro de
defensa; cuando un pueblo se declara vencido, está postrado, entonces el
empujón que le renueva, la violencia que le saca de quicio, la revolución que
le perturba, sólo le puede lanzar por el camino ascensional de la grandeza"
.
Amigo además de colaborador de Ramón
Serrano Súñer, Ridruejo compartió con él muchas cosas: el
patriotismo, la asunción de que todo el poder pasaba por Franco, la convicción de que España
necesitaba modernizarse y europeizarse (muy lejos de todo tradicionalismo y
más aún del clericalismo que ya entonces lastraba el protorrégimen), la doble
seguridad de que el Eje habría de vencer la guerra y de que sólo un Estado
totalitario (realmente totalitario,
pero a la italiana, y realmente fascista) podía cumplir todas las
tareas pendientes. El peso de reaccionarios, capitalistas, banqueros y gentes
de sacristía alrededor de Franco derrotó
las ilusiones de ambos pero no suprimió de golpe ni sus convicciones ni sus
lealtades. Enamorados de Italia uno y otro, los dos conservaron tras 1942 y
tras 1945 sus afinidades humanas y culturales. Quizá la diferencia sea más
bien de horizontes: mientras que en 1942 un Ridruejo curtido en Rusia pidió por escrito a Francoel cumplimiento del programa
social falangista, y terminó por ello fuera del régimen y desterrado, en 1945
un Serrano siempre
realista, ya fuera de todo cargo, aconsejó a su cuñado que asumiese la
democratización como camino entonces evidente a la modernización.
Eso explica también que Serrano
Súñer, fuera de la política, no fuese opositor al régimen sino ajeno
al mismo, mientras que Ridruejo,
indignado con él, se hizo opositor. Los dos supieron siempre que la Falange
era, si era algo, el fascismo español, pero que nunca había llegado a ser más
que una ficción de partido único. Fascistas fueron y nunca negaron haber
sido, aunque al modo italiano, con toda lógica sin duda; y ambos hasta su
muerte se sonrieron de las hueras pretensiones a- o anti- fascistas de
algunos falangistas de variado pelaje. Hubo en España fascistas, y muchos más
aún ilusionados con el horizonte fascista, y esto incluyendo a muchas de las
primeras cabezas y de las primeras plumas de España, pero no, decisivamente,
al Jefe del Estado que estaba llamado a serlo también de un movimiento. Y da
razón, para Ridruejo y
también para Serrano,
de cómo y por qué el franquismo
creció con fecha de caducidad, nacido para no durar y crecido para dar forma
y vehículo a viejas, caducas y aun muertas castas, sectas, poderes y tutelas.Serrano se limitó a esperar que
todo terminase; Ridruejo,
más joven, formado de otro modo, buscó quizá a modo de expiación acelerar el
proceso y hacerlo navegar hacia una democracia social que sería, quizá, lo
menos lejano de su juvenil falangismo.
Dionisio Ridruejo no
escribió sus memorias, pero sí los elementos para que se reconstruyesen y hoy
podamos releerlas con provecho. El provecho, por ejemplo, de recordar que la
Guerra Civil no tuvo en el Frente Popular a sus "buenos", que hubo
una seria tentación totalitaria que sólo el resultado de 1945 cortó y cómo el
régimen del que surge el actual no fue, pese a sus defectos y miserias, la
suma de todos los males. Esto, dicho y reconocido por un hombre empeñado en
la segunda parte de su vida en acelerar el fin del sistema que él había
ayudado a crear, pero siempre fiel a un cierto estilo y a unas cuantas
cuestiones que le acompañaron siempre y que bien pudo heredar (pero no parece
que lo haya hecho) un cierto centro izquierda. Desde una sorprendente
coherencia personal tenemos aquí otra
visión del franquismo y del que fue creador de su primera imagen y bien pudo
ser, si las cosas hubiesen ido de otro modo, altísimo jerarca en vez de
opositor. Cosas de una historia que ahora, en medio de una crisis no
menor que la de los 30, podemos leer.-
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